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El lado humano de las apps

Las aplicaciones para móviles son capaces de resolver prácticamente cualquier inquietud o necesidad de los individuos del siglo veintiuno. También, mercede a sistemas operativos como iOS o Android, es posible matar el bicho del conocimiento en ramas muy distintas; podemos saber con sólo deslizar el teléfono móvil cómo se llaman las estrellas del cielo, cuál es el nombre de la canción que suena, a cuánta temperatura está un determinado objeto, quién es la chica o el chico con el que nos acabamos de cruzar por la calle, etcétera.

El ingenio de quienes lanzan aplicaciones móviles al mercado va en aumento, todo con tal de convertirse en una referencia que ayude al máximo posible de usuarios y que mejora la vida de la gente. Y que permita hacer dinero, claro está. Los avances tecnológicos se suceden, las comodidades a las que aspira el ser humano cada vez son más acentuadas.

Pero no todo es frenético y deshumanizado en el aislado mundo de cada persona refugiada en su teléfono móvil. La solidaridad también tiene cabida en aplicaciones como Be My Eyes, que tiene la virtud de conectar a personas invidentes con voluntarios de todos los rincones del planeta. De esta manera, la app facilita que los usuarios puedan ayudar a las personas ciegas a hacer la compra, a leerle los carteles de las zonas por las que transita, a leerle libros o a solventar problemas rutinarios. Todo ello, merced a un sistema virtual que permite ser los ojos de un invidente y aportar un granito de arena para una mejor humanidad.

Frente a la frivolidad existente e innegable en el mundo de las apps, éstas han sabido ser de ayuda también. Siguiendo en la misma línea, otras apps como KNFB Reader son capaces de leer en voz alta a las personas invidentes un texto impreso o un cartel de importancia cotidiana.